Los días no alcanzan: cómo el ritmo acelerado de la vida cotidiana afecta la salud
La presión por cumplir con obligaciones, responder a múltiples demandas y mantener todo bajo control puede dejar poco espacio para el descanso y el disfrute. Especialistas explican cómo esta dinámica se relaciona con la ansiedad y qué estrategias ayudan a recuperar la atención sobre el momento presente.
Días que no alcanzan para todo lo que nos proponemos. Reuniones que se suceden una tras otra sin tiempo para procesarlas. Actividades que hacemos en automático mientras pensamos en todo lo que todavía tenemos pendiente. Incluso momentos cotidianos, como manejar, pueden convertirse en situaciones de riesgo cuando la atención está puesta en el celular o en lo que vendrá después.
Son escenas cada vez más habituales, propias de una época que parece exigirnos vivir a contrarreloj. La aceleración atraviesa el trabajo, los vínculos, las responsabilidades familiares y hasta los momentos destinados al descanso.
“La aceleración en todos los aspectos de la vida se refleja en la cotidianeidad”, explica Stefano Bertone, licenciado en Psicología e integrante de Red Psicoespacios (MP 55777). Y ejemplifica con la rutina de muchas mujeres que llevan a sus hijos al colegio, trabajan una jornada completa, buscan crecer profesionalmente, se ocupan de las actividades de sus hijos, atienden a sus padres, cumplen con las tareas domésticas y sostienen una relación afectiva.
“Es lógico pensar que el mecanismo para conservar cierta calidad de vida es difícil de sostener”, señala el especialista. Esa dificultad, sostiene, aparece cada vez con mayor frecuencia en los espacios de consulta.
Florencia Lorenzo, psicóloga y líder del equipo terapéutico Encontrar mi Psico, coincide y asegura que se trata actualmente de uno de los motivos de consulta más habituales. “Muchos pacientes concurren a sesión por este motivo, la ansiedad, que suele aparecer disfrazada en el consultorio con dos temáticas: que efectúan muchas actividades, pero no logran disfrutarlas ni conectarse con ellas, o que no saben decir que no y tienen incontables obligaciones sin lograr nada de tiempo libre para ellos”, explica.
Para Lorenzo, esas dos situaciones reflejan una característica de la vida actual: “Esos dos modos escenifican un poco la vida actual, corriendo contra el reloj”.
En ese contexto, Clara Badino, referente de mindfulness en Latinoamérica, publicó junto al doctor Diego E. Robatto y Felicitas Montes el material Vivir contrarreloj, una propuesta que invita a detenerse y observar esta problemática. La alternativa, plantea, no consiste necesariamente en frenar el mundo, sino en “recuperar la capacidad de habitar el presente, escuchar el cuerpo y elegir cómo vivir”.
Las consecuencias de vivir sin pausas
“El cuerpo posee ritmos precisos que dependen de las pausas. Al vivir sin pausas, se violenta el ritmo natural y la máquina entra en colapso o falla. Aunque la capacidad de recordar o planificar es útil, vivir instalados en el ayer o en la amenaza del mañana desdibuja la realidad del instante y genera desconexión”, resume.
Las consecuencias, que suelen aparecer tarde o temprano, hacen mella tanto en el plano físico como en el emocional: “Vivir a prisa y en estrés continuo genera una sobrecarga de adrenalina y cortisol que deprime el sistema inmunitario, facilitando desregulaciones físicas, dolor crónico y problemas autoinmunes. Además, estar mentalmente en otro lugar aumenta los accidentes cotidianos y anula la escucha de las sutilezas o avisos que el cuerpo da antes de enfermar”, afirma.

El impacto también puede alcanzar a los más chicos. Según Badino, cuando la sobreexigencia y el ritmo acelerado de los adultos se trasladan a las infancias, pueden generar sobreestimulación y una sobrecarga de actividades, en lugar de dejar espacio para la calma o incluso para el “aburrimiento creador”.
Desde la psicología, Bertone observa una consecuencia similar. “El malestar precede al discurso en análisis y se instaura en respuestas emocionales como la ansiedad”, explica. Para el especialista, sostener el cuerpo y la mente al nivel de exigencia que impone la vida cotidiana puede deteriorar de manera significativa la salud mental.
Vivir el presente, con atención plena
A esto se suma una exigencia más amplia: la necesidad de tener todo bajo control, incluso aquello que todavía no ocurrió. “Cumplir con todos los estándares: belleza, dinero, éxito, ser buena madre/padre, etc.”, enumera Lorenzo. La pregunta, entonces, es cómo salir de esa dinámica sin sentir que detenerse implica quedar afuera del sistema.
Para Bertone, una de las claves está en recuperar la pausa. “La pausa como recurso necesario, imperioso y adaptable” puede servir para reordenar prioridades, permitirse cambios y prestar atención a los demás.
Lorenzo propone una estrategia sencilla para reducir la carga mental: anotar todo lo pendiente. De esa manera, las tareas quedan registradas y no es necesario repasarlas una y otra vez. “Aunque se tengan muchos pendientes, tratar de no pensar en ellos e ir paso a paso. Ya los tengo anotados, no necesito que mi mente los repase a cada momento; voy haciendo en el momento presente y tachando”, explica.

En ese sentido, la meditación puede convertirse en una herramienta para reconocer los propios límites y prestar atención a aquello que muchas veces queda relegado cuando la mente está ocupada con lo que ya pasó o con lo que todavía falta hacer.
“La práctica meditativa lo que hace es modificar la percepción de la persona. La conducta es el último eslabón en una cadena que empieza con la percepción”, explica Badino.
Sin embargo, advierte que el proceso debe ser gradual. “No se puede pasar de 100 a 0 revoluciones por minuto de golpe; la entrada a la quietud debe ser cuidadosa para evitar estados de shock o rechazo”, señala.
Sea cual sea la estrategia elegida, recuperar espacios de pausa parece ser uno de los grandes desafíos de una vida organizada alrededor de la velocidad. No se trata necesariamente de abandonar las obligaciones, sino de recuperar la capacidad de estar presentes mientras las hacemos.
Porque cuando los días parecen no alcanzar, detenerse también puede ser una forma de cuidar la salud, volver a disfrutar y recuperar el vínculo con los demás y con uno mismo.
Fuente: TN




