Alergia al polen: por qué pueden aparecer síntomas incluso cuando los niveles son bajos

Las estaciones de medición ofrecen un promedio zonal que no refleja la exposición directa al polen en calles arboladas o jardines (Imagen Ilustrativa Infobae)

La intensidad de las molestias depende de distintos factores, desde la sensibilidad de cada persona hasta las condiciones ambientales. Qué tener en cuenta para reducir la exposición

Un registro bajo no garantiza una jornada sin molestias. Una persona puede tener síntomas de alergia, como estornudos, nariz tapada, picazón en los ojos o la garganta, lagrimeo y tos, aun cuando el nivel de polen informado para su zona sea reducido.

La sensibilidad de cada organismo, el tipo de partícula presente, el viento y la contaminación ayudan a explicar por qué el dato general no siempre coincide con lo que siente cada persona.

Los conteos de polen son una herramienta útil, pero tienen límites. Las estaciones de medición suelen recolectar partículas del aire durante un período determinado y ofrecen una referencia para una zona amplia.

Ese resultado no refleja necesariamente la cantidad de polen que alguien respiró al caminar por una calle arbolada, al permanecer cerca de un jardín o al viajar con las ventanillas abiertas.

La sensibilidad personal modifica la respuesta al polen

La alergia aparece cuando el sistema de defensa reacciona frente a una sustancia que, para la mayoría de las personas, no representa un problema. En quienes tienen sensibilidad a ciertos pólenes, el contacto puede provocar una respuesta rápida de las mucosas de la nariz, los ojos o las vías respiratorias. Por eso, dos personas expuestas a una cantidad similar pueden tener reacciones muy distintas.

Un estudio de la Universidad de Queensland, publicado en la revista GeoHealth, analizó 114.834 registros de síntomas informados por 25.194 usuarios de una aplicación de Melbourne entre 2017 y 2023. La investigación se centró en la exposición al polen de gramíneas.

Un estudio de la Universidad de Queensland comprobó que los usuarios registraron molestias alérgicas incluso en días con niveles bajos de polen (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los investigadores observaron aumentos medibles de las molestias en algunas personas durante días clasificados con niveles bajos de polen de gramíneas. El hallazgo refuerza la idea de que un índice ambiental no permite anticipar con precisión cómo se sentirá cada individuo.

La reacción también depende del polen involucrado. Árboles, gramíneas y malezas liberan partículas diferentes, y una persona puede ser sensible a una de ellas sin serlo a las demás. Así, un conteo general bajo puede ocultar la presencia de un tipo de polen capaz de desencadenar síntomas en alguien que reacciona de forma particular a esa planta.

El efecto puede acumularse a lo largo de varios días

La exposición no siempre se limita a un momento aislado. Cuando el contacto con el polen se repite durante varios días, las mucosas pueden permanecer irritadas y responder con más facilidad. En ese contexto, una nueva exposición de menor intensidad puede bastar para que continúen la congestión, el lagrimeo o los estornudos.

Además, los síntomas no dependen solamente del valor que marca el conteo del día. La cercanía a la vegetación, el tiempo que una persona pasa al aire libre y la ventilación de los ambientes modifican la dosis que recibe. Estas partículas pueden adherirse a la ropa, el pelo y los objetos que entran al hogar, por lo que la exposición puede prolongarse después de volver de la calle.

El contacto repetido con el polen a lo largo de varios días mantiene la irritación de las mucosas e incrementa la reacción ante dosis menores (Imagen Ilustrativa Infobae)

La investigación de Queensland indicó que las molestias suelen ser más marcadas el mismo día del contacto y disminuyen, en general, al día siguiente. Sin embargo, esa tendencia puede variar de acuerdo con el antecedente alérgico, la exposición acumulada y la presencia de otros factores irritantes.

El clima cambia la forma en que el polen circula

Las condiciones meteorológicas influyen tanto en la liberación del polen como en su desplazamiento. El viento puede transportar partículas a mayor distancia y aumentar de manera temporal la exposición cerca del suelo, aunque el promedio regional sea bajo. También puede llevarlas hacia patios, balcones, autos y ventanas abiertas.

La lluvia suele limpiar parte del aire, pero sus efectos no son idénticos en todas las situaciones. Tras períodos secos, los cambios bruscos de tiempo y algunas tormentas pueden modificar la dispersión de partículas. La temperatura y la humedad, a su vez, inciden en los ciclos de floración y en la duración de las temporadas de polinización.

Estos elementos explican por qué el pronóstico debe leerse como una orientación, no como una garantía.

La contaminación puede agravar la irritación respiratoria

La calidad del aire también influye. Las partículas contaminantes y algunos gases pueden irritar las vías respiratorias y acentuar las molestias alérgicas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que la contaminación atmosférica y el cambio climático pueden potenciar el efecto de alérgenos como el polen.

El Colegio Estadounidense de Alergia recomienda ducharse y cambiarse de ropa al volver a casa para retirar las partículas adheridas (Imagen Ilustrativa Infobae)

A la vez, algunos contaminantes pueden modificar la capacidad del polen para provocar reacciones. Esto no significa que toda molestia respiratoria se deba a una alergia, pero ayuda a entender por qué los síntomas pueden ser más notorios en zonas de mucho tránsito o durante episodios de mala calidad del aire.

ambién conviene considerar otros desencadenantes que pueden coexistir con el polen, como el polvo doméstico, los hongos, el humo de tabaco o el pelo de animales. Cuando varios irritantes actúan al mismo tiempo, resulta más difícil atribuir las molestias a una sola causa.

Medidas cotidianas para reducir el contacto

Quienes ya identificaron que el polen les provoca molestias pueden consultar los conteos y pronósticos como guía para organizar las actividades al aire libre. En los días con mayor circulación de partículas o mucho viento, puede ser útil acortar la permanencia fuera de casa, en especial cerca de césped recién cortado, árboles o malezas.

Al volver a casa, cambiarse de ropa, lavarse la cara o ducharse puede ayudar a quitar el polen que pudo quedar en la piel, el pelo y las prendas. También conviene cerrar las ventanas en los días ventosos y no secar la ropa al aire libre durante los períodos de mayor polinización, para limitar su ingreso al hogar.

La presencia de tos persistente, silbidos al respirar o falta de aire requiere una evaluación médica para definir el tratamiento adecuado (Imagen Ilustrativa Infobae)

El Colegio Estadounidense de Alergia, Asma e Inmunología (ACAAI) recomienda estas medidas para reducir el contacto con alérgenos ambientales. No sustituyen la consulta médica ni el tratamiento que indique un profesional.

Es aconsejable consultar con un médico si las molestias se repiten cada temporada, afectan el sueño, el trabajo o las actividades cotidianas, o no mejoran con las medidas habituales.

La atención también es importante ante tos persistente, silbidos al respirar, falta de aire u opresión en el pecho. Un profesional puede evaluar las posibles causas, distinguir una alergia de otros cuadros y definir el abordaje adecuado para cada caso.

Fuente:Infobae

También te podría gustar...