Identidad Digital: ¿Quién sos cuando nadie te ve?

En un mundo donde lo virtual lo atraviesa todo: ¿Es posible construir una identidad que no dependa del algoritmo?
“La identidad hoy se construye en un mundo líquido, donde nada es permanente”, escribió el ya fallecido sociólogo Zygmunt Bauman. Y si hay un espacio donde esa liquidez se manifiesta con claridad, es en las redes sociales.
Allí, lo que somos se diluye entre filtros, reacciones y algoritmos ya que cada perfil es una narrativa visual que puede editarse, curarse, borrarse o reinventarse. Si lo pensamos, cambiar de identidad en línea es tan sencillo como hacer clic en “editar perfil”. Pero en esa facilidad, también se esconde una pregunta incómoda: ¿Quién sos cuando nadie te está mirando?

El yo digital como performance
En las redes, no solo compartimos lo que hacemos: compartimos lo que queremos que crean que somos (les aseguro que es más que un trabalenguas). Nos convertimos en curadores de nosotros mismos porque elegimos qué mostrar y qué ocultar. Y es que a veces esa elección responde al deseo y otras a la presión social. Porque el yo digital también es una estrategia de pertenencia al buscar continuamente aprobación, visibilidad e interacción. Nos moldeamos para encajar.
Esta lógica convierte la identidad en una performance permanente. Y si las luces del escenario nunca se apagan: ¿Cuándo descansamos? ¿En qué momento dejamos de actuar para simplemente ser nosotros mismos?

La ansiedad de gustar
Lo que antes se vivía en círculos íntimos, hoy sucede en público. Una opinión, una foto o un logro se mide en corazones <3 , likes y compartidos. Cuando esos indicadores no aparecen, emerge la duda: ¿valgo menos si no reaccionan a lo que soy, a lo que muestro?
Esta dinámica, según múltiples estudios, genera ansiedad, comparación constante y una autoestima volátil. Cada scroll (les debo el artículo de doomscrolling) en redes puede disparar la percepción de no estar a la altura, y de estar quedándonos atrás o de no ser suficientes. De esta manera, la identidad digital deja de ser solo una representación y se convierte en una trampa emocional.

Autenticidad en nuestra identidad digital
En este contexto, ser auténtico no es solamente mostrarse sin maquillaje o sin filtros, es tener la capacidad de sostener una coherencia entre lo que mostramos y lo que somos, aceptar que cambiamos, que mutamos y que no hay una única versión definitiva de nosotros, pero sí puede haber una que nos resulte más original.
La identidad no tiene por qué ser una amenaza ya que puede ser una oportunidad para ensayar, crecer y corregir, y no por eso debe estar determinada por la mirada ajena (luego está el convencernos a nosotros mismos de eso)
La revolución de lo íntimo
Frente a la exposición constante, proteger la intimidad es un acto directamente político. Guardar partes de nosotros para espacios seguros, resistir la lógica de mostrar todo, mostrarse todo el tiempo y cultivar la presencia sin necesidad de validación virtual. En un mundo donde todo se comparte, elegir el silencio también es identidad. Porque somos más que nuestra huella digital, más que nuestras publicaciones, nuestra fotos online y más que los datos procesados por el todopoderoso algoritmo. Aunue la red no se apaga, hay algo que siempre podemos encender en nosotros y es la pregunta sincera de:
Más allá del feed ¿quiénes queremos ser?
Fuente: DiarioUno