Muchos la confunden con una obsesión, pero significa otra cosa: qué es la ginefilia

La ginefilia, atracción hacia mujeres o feminidad, no constituye un trastorno psicológico ni una conducta violenta. (Foto: Adobe Stock)

El término volvió a circular fuertemente luego de la serie “Monstruo: La historia de Ed Gein”, pero excede la ficción. Especialistas explican de qué se trata este fenómeno, cómo se diferencia de una atracción saludable y en qué casos puede vincularse con conflictos psicológicos más profundos.

Cada vez que una historia criminal vuelve a captar la atención del público, ocurre algo parecido: además del caso en sí, resurgen conceptos vinculados con la psicología que rápidamente comienzan a circular fuera del ámbito profesional. Uno de ellos es la ginefilia, un término que volvió a instalarse en conversaciones, redes sociales y búsquedas en internet a partir del interés que despertó el caso de Ed Gein, cuya historia inspiró a algunos de los personajes más emblemáticos del cine de terror.

Sin embargo, a medida que el concepto empezó a ganar visibilidad también comenzaron a multiplicarse las interpretaciones erróneas. En distintos espacios se lo utilizó como si fuera sinónimo de obsesión, fetiche o incluso de una conducta patológica, cuando en realidad su significado dentro de la psicología es muy diferente. Esa confusión no solo simplifica un fenómeno mucho más complejo, sino que también contribuye a instalar prejuicios sobre la forma en que se construye el deseo y los vínculos.

Lejos de esas interpretaciones, los especialistas sostienen que la ginefilia, por sí misma, no constituye un trastorno psicológico ni una señal de violencia. El interés clínico no está puesto en hacia quién se dirige la atracción, sino en cómo esa persona vive ese deseo, de qué manera se relaciona con los demás y si esa experiencia genera sufrimiento, pérdida de control o deterioro en su vida cotidiana.

Qué significa realmente la ginefilia

En psicología ocurre con frecuencia que algunos conceptos salen del ámbito académico y comienzan a utilizarse con un sentido muy distinto del original. Palabras como narcisista, psicópata, TOC o bipolar forman parte de conversaciones cotidianas, aunque muchas veces se usan de manera imprecisa. Con la ginefilia sucede algo parecido: el término empezó a circular cada vez más, pero pocas veces acompañado de una explicación sobre qué significa realmente.

Para la licenciada Lourdes D’Acunto (MN 77.382), la ginefilia es simplemente un concepto que permite describir hacia quién se orienta la atracción. “Proviene del griego gyné (mujer) y philia (afinidad) y hace referencia a la atracción hacia las mujeres o hacia la feminidad. No define la orientación sexual ni la identidad de género de la persona, sino únicamente el objeto de esa atracción”, explica.

Especialistas advierten que la ginefilia suele confundirse con obsesiones o fetiches. (Imagen ilustrativa generada con IA)

Esa diferencia resulta fundamental porque, según la profesional, una persona ginefílica puede identificarse como heterosexual, homosexual, bisexual o cualquier otra orientación, sin que esa atracción determine su orientación sexual, su identidad de género ni su funcionamiento psicológico. El término tampoco busca explicar el origen del deseo ni funciona como una categoría clínica.

En ese sentido, tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la Asociación Americana de Psicología (APA) sostienen que la orientación del deseo no constituye un trastorno mental. La evaluación psicológica nunca se realiza únicamente por aquello que una persona desea, sino por la presencia de sufrimiento, pérdida de funcionalidad o conductas que afecten significativamente su vida o la de terceros.

D’Acunto también aclara que la ginefilia suele confundirse con procesos completamente diferentes, como la cosificación o la idealización. Y sostiene: “Mientras la ginefilia alude a la atracción hacia las mujeres, la cosificación y la idealización describenla forma en que una persona se relaciona con aquello que desea. No son sinónimos ni una deriva de la otra”.

Cuando el problema no es el deseo, sino la forma de vincularse

Es habitual que, después de un caso criminal que genera impacto, aparezcan explicaciones que intentan encontrar una causa psicológica detrás de todo. Pero la realidad suele ser bastante más compleja. Para la especialista, el punto no está en aquello que una persona desea, sino en la forma en que vive ese deseo y en las consecuencias que tiene sobre su vida cotidiana.

De hecho,“no es correcto asociar la ginefilia con una obsesión”,afirma la psicóloga. Y suma que “mientras la primera es un término descriptivo, una obsesión implica pensamientos intrusivos, persistentes y un malestar que interfiere con la vida cotidiana.”

Además, explica que el deseo, por sí solo, nunca alcanza para comprender el funcionamiento psicológico de una persona. Cuando existe un conflicto clínicamente significativo aparecen otros indicadores, como conductas compulsivas, pérdida de control, deterioro en las relaciones, sufrimiento intenso o situaciones donde se vulneran los derechos de otras personas.

El interés clínico no está en el objeto del deseo, sino en cómo esa persona lo vive y si afecta su bienestar y vínculos. (Foto: Adobe Stock)

La evidencia científica también diferencia claramente tres dimensiones: la atracción, la fantasía y la conducta. Sentir atracción o experimentar determinadas fantasías no implica, por sí mismo, que una persona vaya a actuar sobre ellas. Entre esos niveles intervienen procesos como la regulación emocional, el control de los impulsos, la empatía y la capacidad de reconocer al otro como un sujeto autónomo.

No obstante, para D’Acunto la ginefilia no ocurre por la intensidad del deseo ni por el objeto hacia el que se dirige. El interés clínico aparece cuando esa experiencia genera pensamientos intrusivos, conductas compulsivas, pérdida de control, deterioro en la vida cotidiana o vulnera los derechos propios o ajenos. “Lo que evaluamos no es qué desea una persona, sino cómo vive ese deseo y qué consecuencias tiene sobre su bienestar y sus vínculos”, resume.

Otro aspecto que ayuda a entender por qué estos conceptos suelen confundirse es el llamado sesgo de disponibilidad, desarrollado por los psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tversky en 1973. Este fenómeno explica que las personas tienden a recordar con mayor facilidad hechos extraordinarios o impactantes y, por eso mismo, terminan creyendo que son mucho más frecuentes de lo que realmente son. Casos criminales como el de Ed Gein en los ‘50 suelen convertirse en el ejemplo que ocupa todo el espacio, aunque representen situaciones excepcionales dentro del funcionamiento psicológico humano.

Casos criminales como el de Ed Gein reactivan conceptos de la psicología, pero también favorecen interpretaciones erróneas. (Imagen: ChatGPT)

Para D’Acunto, esa simplificación termina generando un problema adicional: la estigmatización. “Cuando se transmite la idea de que determinadas formas de deseo son anormales o peligrosas, se favorecen prejuicios que pueden afectar la vida de las personas y dificultar incluso que busquen ayuda psicológica cuando la necesitan”, sostiene.

En tiempos donde conceptos vinculados con la salud mental circulan cada vez con más rapidez por redes sociales y producciones audiovisuales, especialistas insisten en una diferencia que parece sencilla, pero que muchas veces se pierde en el debate público.

El deseo, por sí solo, nunca alcanza para explicar la conducta de una persona. La pregunta relevante para la psicología no es qué atrae a alguien, sino cómo construye sus vínculos, cómo gestiona ese deseo y si esa experiencia le permite vivir de manera saludable consigo mismo y con los demás.

Fuente: TN

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