La carne de cerdo gana lugar en la mesa de los argentinos: el consumo ya supera los 20 kilos por habitante al año y aumentó un 171% en las últimas dos décadas
La carne de cerdo dejó de ser una opción ocasional para convertirse en un alimento cada vez más habitual en la dieta de los argentinos. Impulsado por una marcada diferencia de precios con la carne vacuna, una mayor variedad de cortes frescos y estudios que respaldan sus beneficios nutricionales, el consumo de proteína porcina creció de manera sostenida en las últimas dos décadas y hoy supera los 20 kilos por persona al año.
El director ejecutivo de la Federación Porcina Argentina, Agustín Seijas, aseguró que el cambio responde, en primer lugar, a una cuestión económica. «La puerta de entrada al cerdo siempre fue el precio», afirmó al señalar que este año la brecha con la carne vacuna llegó a alcanzar el 120%, cuando históricamente se ubicaba cerca del 30%.
Actualmente, el kilo de carne vacuna ronda los $18.564, mientras que el pechito de cerdo se comercializa en torno a los $8.944. Esa diferencia hizo que muchos consumidores comenzaran a reemplazar algunos cortes tradicionales por alternativas porcinas, especialmente en las reuniones familiares y los asados.
«No hay ningún asado que hoy no tenga un corte de cerdo. El pechito es el reemplazo del asado vacuno», sostuvo Seijas, quien remarcó que este cambio de hábito también impulsó la incorporación de otros cortes frescos en las carnicerías.
El respaldo de la ciencia
Además del precio, el crecimiento del consumo estuvo acompañado por un cambio en la percepción sobre las propiedades de esta carne. Un informe elaborado por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) concluyó que la carne porcina posee grasas con un perfil saludable, comparable al del aceite de oliva, además de aportar proteínas de alto valor biológico, vitaminas, minerales y creatina natural.
«Hoy podemos respaldar científicamente el valor nutritivo de la carne de cerdo para que todos los consumidores conozcan sus beneficios», expresó el titular de la Federación Porcina.
El estudio también destaca que los cortes magros representan una buena alternativa para quienes realizan actividad física, ya que el aporte natural de creatina favorece el rendimiento muscular sin necesidad de recurrir a suplementos.
El aumento de la demanda también modificó la forma de comercializar la carne porcina. Cortes que tradicionalmente se destinaban a la elaboración de chacinados y fiambres comenzaron a ofrecerse frescos debido al mayor interés de los consumidores.
Según explicó Seijas, hoy piezas como la nalga, el cuadril, la cuadrada, la bola de lomo y el carré llegan directamente a las carnicerías, donde también crecieron las ventas de milanesas elaboradas con estos cortes.

Una tendencia que no se detiene
Las estadísticas reflejan el cambio de hábitos. Datos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca indican que el consumo de carne porcina aumentó un 171% en los últimos 20 años: pasó de 6,22 kilos por habitante en 2006 a 18,89 kilos en 2025 y actualmente ya supera los 20 kilos per cápita.
En sentido inverso, el consumo de carne vacuna descendió hasta los 47,3 kilos por habitante, el nivel más bajo de las últimas dos décadas, de acuerdo con la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra).
A este escenario se suma la estabilidad relativa de los precios. Mientras que durante 2025 la carne vacuna registró un incremento del 56,8%, la carne porcina aumentó un 29,4%, por debajo de la inflación anual, según datos de la Cámara Argentina de la Industria de Chacinados y Carne de Cerdo (Caicha).
Con precios más competitivos, una oferta cada vez más amplia y el respaldo de estudios científicos sobre sus cualidades nutricionales, la carne de cerdo continúa consolidándose como una de las proteínas de mayor crecimiento en el consumo de los argentinos.
Fuente: MisionesOnline






