Por primera vez una mujer trans negociará una paritaria nacional en Argentina

Alejandra González tiene 40 años y es parte de la comisión directiva del Sindicato de los Empleados de las Administradoras de Edificios. Su camino en una actividad históricamente machista.

Cada año, las discusiones paritarias muestran una y otra vez a hombres que negociarán el futuro salarial de todo un sector. Casi siempre es sin la presencia de mujeres con un cargo gremial lo suficientemente alto como para participar de esa comisión. Este año la historia sindical argentina escribirá una nueva página: Alejandra González (40), Secretaria Laboral de SEARA (Sindicato de los Empleados de las Administradoras de Edificios) será la primera mujer trans en pelear oficialmente por los salarios del rubro.

La Ley de Cupo Femenino Sindical establece un mínimo obligatorio de 30% de mujeres en cargos electivos y representativos en las organizaciones gremiales. La normativa prevé también la participación de ellas en las comisiones negociadoras. Sin embargo, “las mujeres están a cargo de solamente el 18% de las secretarías, subsecretarías o prosecretarías. De éstas, el 74% serían aquellas que se consideran ‘propias de las mujeres’: igualdad, género o servicios sociales”, según asegura el informe «Las mujeres en el mundo del trabajo», que elaboró el Ministerio de Trabajo de la Nación en 2018.

En diálogo con Entremujeres Clarín, Alejandra contó su camino hacia el sindicalismo y cómo se siente en una actividad históricamente machista.

¿Cómo llegás a la actividad sindical?

– Llego a través de la convocatoria que me hizo Gabriela Saldivia, que es la Secretaria General de SEARA (Sindicato de Empleados de Administradoras de la República Argentina), quien en su momento me contacta para que me afilie al sindicato, ya que yo trabajaba en una administración. Con Gabriela hace más de 15 años que nos conocemos y fue ella la que me incentivó a que me involucrara más en la actividad sindical.

¿Sufriste algún impedimento o acto discriminatorio hasta alcanzar tu cargo?

– Sí, tuve momentos o situaciones de discriminación. Se dieron sobre todo cuando visité alguna administración para hablar con los empleados. Muchas veces noté que me miraban incómodos. En cambio, desde el sindicato, me sentí integrada y contenida desde el primer momento.

– ¿Qué respuestas recibiste de tu entorno al asumir en la comisión directiva de SEARA?

– Muchas felicitaciones, sobre todo, porque valoran que por primera vez una mujer trans logra un puesto tan importante en un rubro complicado.

– Vas a encarar la discusión paritaria, ¿cómo te imaginás esa “pelea”?

– Con mucha expectativa. Este es rubro manejado en su mayoría por hombres. Las Cámaras con las que tenemos que negociar están conducidas por hombres e históricamente las mujeres nunca tuvieron mucha relevancia.

– ¿Es el sindicalismo un campo machista?

– Sí. Los principales sindicatos de la argentina siempre fueron conducidos por hombres. Yo te pregunto: ¿cuántas mujeres son secretaria general en sindicatos? En la Argentina tenés muy pocos ejemplos (SEARA es uno) porque la gran mayoría son dirigidos por hombres. Y el lugar que le dejan de participación a la mujer es en la secretaría de acción social o la secretaría de la mujer, pero nunca en los cargos principales.

– ¿Hay lugar en las dirigencias gremiales para la diversidad sexual o considerás que tu caso es más bien excepcional?

– Hoy lo veo como un caso excepcional, ya que son escasos los sindicatos que tienen una secretaría de diversidad. Estoy convencida que, desde mi lugar, en SEARA estamos creando una apertura en este tema.

– ¿Cómo describirías la importancia de la sanción e implementación real de una ley de cupo laboral trans?

– Creo que es sumamente importante la implementación de una ley de cupo laboral trans. Sobre todo, teniendo en cuenta que no todas tenemos las mismas posibilidades, y la expectativa de vida de la mayoría de las mujeres trans no supera los 40 años. Esto ocurre porque un gran porcentaje de chicas se ve obligada a ejercer la prostitución, porque no encuentran otra forma de sustento para sus vidas, con todos los riesgos que esto implica.

Fuente: Clarín