Me llamo Patricia Canosa, tengo 27 años y vendo un pulmón y un riñón para poder comprar una casa antes de la operación de columna que deben practicarle a mi bebé Nicolás Leiva, el día 19 de julio de 2012 en el hospital Garrahan, soy cero positivo, no fumo, ni bebo bebidas alcohólicas ni tampoco consumo drogas, no tengo antecedentes de enfermedades patológicas ni significativas, lo hago voluntariamente, acepto firmar acuerdo de confidencialidad, por favor difúndanlo porque se me termina el tiempo en que puedo conseguir un hogar acorde a las necesidades de mi familia”.

Es el “aviso” que colgó Patricia en su perfil de Facebook y en “Un órgano por una casa”, también en esa red social.

Está sana pero también, desesperada. Dice que agotó todas las instancias formales para salir de la pieza en la que vive junto a Juan, su pareja, Agustín, su hijo de ocho años, y Nicolás de dos años y medio, a quien le diagnosticaron el síndrome Goldenhar . Y sabe que la decisión es extrema y también, ilegal. Lo dice así: “Yo pongo el pulmón y mi pareja, el riñón.

Es un remate, al mejor postor. Y sabemos que es una locura, pero estamos agotados. Desde la Casa Rosada hasta el área de Desarrollo Social de Olavarría, nadie nos dio bola. Para cada carta y pedido que presentamos tengo un papel sellado que dice ‘recibido’, pero ninguna respuesta. Si la salud de Nico significa vender una parte de mi cuerpo, no me importa”, justifica Patricia en una charla con Clarín.

Nicolás padece de una enfermedad congénita: no camina ni habla, aunque puede gatear y aprendió a señalar lo que necesita o quiere. Se alimentó por una sonda hasta los cuatro meses y luego, a través de un botón gástrico. El costado izquierdo de la cara lo tiene paralizado y nació sin una oreja. El lado derecho del cuerpo no lo ha desarrollado. Y es muy difícil que suba de peso: sufre de hipotiroidismo central. Le diagnosticaron Goldenhar cuando cumplió un año. En julio, en el Garrahan, le van a colocar dos planchas de titanio y ocho tornillos a la altura de la nuca. Durante seis meses tendrá puesto un chaleco que le “fijará” la columna. Es una cirugía compleja, pero con la que posiblemente aprenda a caminar.

“El post operatorio lleva unos seis meses y tiene que ser en un lugar limpio, con servicios, donde haya una habitación para él. Una casa en condiciones”, explica Patricia. Hoy alquilan una habitación en Villa Maylín, en las afueras de Olavarría, con piso de tierra a $ 500 mensuales, más unos $ 200 de luz cada dos meses. Allí comen y duermen los cuatro.

No tienen agua potable ni gas. El “baño” es un rectángulo de menos de un metro cuadrado donde sólo cabe un inodoro con descarga manual y un calefón eléctrico. Se mantienen con $ 864 que Patricia cobra por la Asignación Universal por Hijo –que contempla la discapacidad de Nicolás– y $ 80 del “Plan + Vida”. Juan changuea: vacuna animales, alambra campos. “Nos fijamos en el diario y un dos ambientes nos cuesta $ 2.500 por mes. Un terreno lo venden a 50 mil dólares.

Para nosotros es imposible”, aclara.

En el aviso virtual ruegan rapidez de ofertas porque ya tienen encima la fecha de la operación. “Porque primero –calcula Patricia– nos tendríamos que operar nosotros, después comprar la casa y ya ahí Nicolás puede operarse tranquilo”. Dicen que ya hay interesados, que son argentinos, pero también los llamaron del exterior y les ofrecieron dinero en euros. Y que el pulmón es el más demandado. No tanto el riñón, porque apenas recibieron un mail preguntando a cuánto lo vendían. Según averiguaron, en el mercado negro de órganos internacional, un riñón llega a costar 100 mil euros, y un pulmón, 140 mil.

“Es la última manera que encontramos para solucionar este tema. Poca gente nos comprende. Pero es mi hijo, él hace que todo lo demás valga la pena”, intenta aclarar Patricia y como si no alcanzara confía que “en la historia clínica de mi bebé no dice cuánto llora cuando lo tienen que pinchar, no habla de los gritos, del susto, no dice que se arrastra cuando ya podría caminar”.