Dificultades para conciliar el sueño, sensación de agotamiento durante el día, despertarse temprano son algunos de los síntomas del insomnio: un trastorno de sueño que se potenció notablemente en la cuarentena.

Muchas son las consecuencias de no obtener un buen descanso; tales como el déficit de atención, la improductividad, el mal humor, la irritabilidad, hasta diabetes, el aumento de peso.

Los trastornos del ritmo de sueño han incrementado significativamente durante la pandemia ocasionada por el COVID 19, y la condición de aislamiento preventivo obligatorio.

Una de las formas más comunes es el insomnio que es la dificultad para conciliar y/o mantener el sueño, lo cual se traduce en la percepción de cansancio, un sueño no reparador, y mucho pesar durante el día. Estadísticas indican que este trastorno se da en un 20% de la población.

Autoridades de la salud consideran que menos de 7 horas de sueño es un tiempo insuficiente.

Los problemas constantes para conciliar el sueño o la mala calidad de él, puede provocar impactos a largo plazo en la salud, como obesidad, ansiedad, depresión, enfermedades cardiovasculares y diabetes.

A su vez, diferentes estudios han demostrado que aumenta las probabilidades de cometer errores, ya que el sueño incide directamente en la concentración y en los estados de ánimo.

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Coronainsomnio: El insomnio en la pandemia

Este 2021, el mundo cursa el segundo año de la pandemia, siendo una de las consecuencias, grandes periodos de distanciamiento social, que han repercutido drásticamente en nuestras rutinas diarias, con consecuencias desastrosas para el sueño.

El colapso del sueño, a su vez, tiene múltiples factores relacionados a la pandemia: por un lado, el miedo a la enfermedad, la incertidumbre, el pánico de contagiarse o que se contagie algún ser querido y a su vez que esto pueda generar complicaciones serias o incluso la muerte.

Ese pánico razonable, simultáneamente es agravado por la falta de medidas o de tratamientos que puedan controlar el virus, así como también por la falta de contacto con nuestra familia y amigos.

En concordancia, estudios han revelado que se incrementó el porcentaje de la población que sufre depresión y ansiedad generando alteraciones de sueño como síntoma

Esto se agravó en las personas mayores debido a que muchos de ellos sintieron que su expectativa de vida no es muy prolongada porque forman parte de la población factor de riesgo, sumado a la incertidumbre del aislamiento.

Otra alteración que aparece en el sueño muy frecuente en la pandemia, son las pesadillas, que nos despiertan en la mitad de la noche transpirados, agitados, con taquicardia. La acumulación de estrés, de ansiedad, de angustia, de incertidumbre, de miedo, aflora durante el sueño y a su vez, esos pensamientos negativos hacen presión sobre la conciencia transformándose en pesadillas.

Al respecto, distintos profesionales manifiestan que se descansa bien, si durante el día no hay sueño y uno puede estar tranquilamente activo.

¿Cómo abordar el insomnio?

Los cambios vertiginosos marcados por la pandemia del COVID-19, conllevaron a un cambio de modalidades adoptadas y que se vieron fuertemente modificadas tras la aparición del coronavirus.

El abordaje inicial del insomnio siempre tiene que ver primero con ajustar los hábitos de sueño:

  • Ser correcto con los horarios.
  • Hacer actividad física regularmente, preferentemente lejos de las horas de descanso porque la actividad física intensa retrasa y fragmenta el sueño.
  • Llevar una alimentación balanceada, evitar las cenas muy pesadas, y el consumo excesivo de alcohol
  • Trabajar sobre los pensamientos y sobre la conciencia con un profesional.
  • Hacer actividades que nos relajen, tales como el yoga, cualquier técnica de meditación o simplemente ejercicios de elongación y de respiración profunda

Fuente: infobae